Myriam Mahiques

Acercamiento al Maestro

Árboles al viento. Pintura digital de Myriam B. Mahiques
No reparaste en mis ansias de  recorrer la gran casona blanca que yo imaginaba un museo repleto de libros, prácticamente me empujaste a través de corredores, para llegar a los jardines circundantes, -más bien diría bosques de altos árboles- de los que no estoy segura fueran de su gusto, afin a los arbustos recortados de laberintos medievales. En un claro de pasto cortito y bien mantenido, un hemiciclo de asientos fijos cerraba un espacio donde un orador de la Fundación hablaría de la sabiduría del maestro, deslizando simpático anécdotas de sus manías e ironías.
Dudo que él aceptara el bullicio de la gente que merodeaba en el verde, me lo hacía recluido, atado a su madre por tantos años, sin hijos que lo distrajeran de su labor, con amigos selectos que jamás se recostarían en esas lonas de circo multicolor.
Te iba a comentar sobre mi disgusto in crescendo, querría pensar que el maestro aún estaba entre las paredes altas y que él mismo, confrontando su personalidad, propuso abrir las puertas del predio para compartirnos su paisaje alterado, mientras miraba por la ventana, impasible y postrado. Mas adelantándote a mis pensamientos, con codazos me dijiste, -¨Ahí está! Es tu oportunidad para conocerlo!!!¨-.
Y qué alegría verlo en su cincuentena, aún con ojos bien abiertos, amplia sonrisa, el pelo canoso en su lugar, un poco más de peso y un bronceado que le sentaba bien.
Me miraste con insistencia, forzándome a llamarle la atención, a preguntarle lo que sea, sobre su vida, su obra, pero nada, en mi sueño enmudecí en admiración, considerando que Borges, el incomprendido, ya lo había dicho todo.
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